El Río Medellín ha cambiado profundamente a lo largo de los siglos. Lo que hoy conocemos como una vía rápida de agua encauzada fue, durante generaciones, un territorio vivo: hábitat de peces, aves y mamíferos acuáticos, escenario cotidiano de lavanderas, pescadores, comerciantes y niños que cruzaban sus orillas en canoa.
El archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto conserva ese otro río: imágenes de principios del siglo XX que muestran los puentes de madera, los playones de piedra y las riberas arboladas que ya no existen. Son documentos del agua y también documentos de la memoria colectiva de la ciudad.
En este taller los niños y niñas leen esas imágenes, conversan sobre lo que ha cambiado y lo que permanece, dibujan su propio río — el del pasado, el de hoy o el que soñarían — y le dan voz con un verso breve. Cada pieza se integra al gran mural de agua colectivo que crece durante los días de la Fiesta.
Los tres momentos
Leer el río a través del tiempo
Los niños y niñas observan una selección de fotografías históricas del Río Medellín tomadas entre 1900 y 1942 por fotógrafos como Francisco Mejía, Manuel A. Lalinde y el Fondo Fotografía Rodríguez, conservadas en el archivo de la Biblioteca Pública Piloto.
En las imágenes aparecen escenas que hoy resultan sorprendentes: personas cruzando el río en canoa, lavanderas trabajando en las orillas pedregosas, puentes de madera que ya no existen, y animales — garzas, iguanas, bagres — que formaban parte del ecosistema del agua antes de que el río fuera encauzado y urbanizado.
A través de una conversación guiada con preguntas simples, el grupo reflexiona sobre los cambios del paisaje, las pérdidas y lo que aún permanece. No se buscan respuestas correctas: se busca mirar con atención y dejarse sorprender.
Dibujar el propio río
Cada participante recibe una hoja en blanco y materiales de dibujo: crayones, lápices de color, marcadores o acuarelas según disponibilidad. La consigna es abierta y sin restricciones: dibujar su río.
Puede ser el río del pasado que aparece en las fotografías, con sus canoas y lavanderas. Puede ser el río que conocen hoy, con sus parques lineales y sus puentes modernos. O puede ser el río que les gustaría que existiera: más limpio, más lleno de vida, habitado por animales que regresaron.
No hay una respuesta correcta ni un modelo que seguir. Cada dibujo es una forma personal e intransferible de mirar el territorio y decir algo sobre él. Los facilitadores acompañan sin intervenir en las elecciones visuales de cada niño o niña.
El verso que nombra el agua
Junto a su dibujo, cada participante escribe, dicta o compone en voz alta una frase breve o un verso corto. Las posibilidades son tan amplias como la imaginación lo permita: algo que el río le diría a la ciudad, algo que ellos le dirían al río, una pregunta, un deseo, una descripción, o simplemente una sola palabra que lo nombre.
Quien aún no escribe puede dictarle su verso a un facilitador, o expresarlo de forma oral mientras otro lo transcribe. La escritura no es el fin: es un gesto de dar voz a algo que se siente.
Al cerrar el taller, todas las piezas — dibujos y versos — se reúnen en un gran mural colectivo que representa el río construido entre todos. Cada niño o niña presenta su trabajo brevemente: le da nombre, lo describe con sus palabras, y lo integra al río común.
¿Qué se llevan?
Su dibujo y verso como pieza propia, integrada al mural de agua colectivo que crece durante los diez días de la 20.ª Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.
Cada participante se lleva algo más que un papel: se lleva la experiencia de haber mirado el río con atención, de haber elegido un color para nombrarlo y una palabra para describirlo. También se lleva el recuerdo de que su dibujo pertenece a algo más grande — un río hecho de cientos de miradas distintas.
Las piezas del mural colectivo permanecen expuestas en el Jardín Lectura Viva durante toda la Fiesta, donde otras personas — adultos, jóvenes, visitantes — pueden leerlas, recorrerlas y seguir tejiendo la memoria del agua.
Accesibilidad
Sin requisito de lectoescritura
Las preguntas se hacen en voz alta y pueden responderse de forma oral o dibujando. Ningún participante queda excluido por no saber leer o escribir.
Materiales adaptados
Trazos gruesos, pinceles, esponjas y otros recursos permiten participar a niños y niñas con distintas habilidades motrices.
Apto para familias y grupos
Diseñado para grupos escolares, familias completas y público infantil general. Pueden participar niños y niñas de distintas edades al mismo tiempo.
Acompañamiento inclusivo
Los facilitadores garantizan que cada participante — sin importar su edad, habilidad o conocimiento previo — pueda crear su pieza y sentirse parte del río colectivo.
El taller no requiere ningún conocimiento previo. Solo se necesita querer mirar el río, imaginarlo y darle una forma — con las manos, la voz o el trazo.
Archivo fotográfico · BPP
Las imágenes que se usarán en el taller provienen del archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Fueron tomadas entre 1900 y 1942 por fotógrafos como Francisco Mejía y Manuel A. Lalinde, y registran el Río Medellín antes de su encauzamiento: un territorio de agua con riberas vivas, puentes de madera, bañistas, lavanderas y una ciudad que aún convivía con el río.
Cada dibujo y poema devuelve
una gota de memoria
al río.
Poéticas del Agua · Taller 02 · Cartografías de la Memoria