Valeria Echavarría Arroyave (7 de febrero de 1998 – Envigado, Colombia)

Politóloga con énfasis en construcción de paz, profesora y diseñadora de experiencias de aprendizaje en el Valle del Aburrá y otros territorios rurales.

Se ha arrojado a la poesía desde 2016. Ganadora por convocatoria para participar en el 34° Festival Internacional de Poesía de Medellín 2024. Invitada a diferentes espacios de ciudad como Medellín es un poema, Parada Juvenil de la lectura con el colectivo Nuevas Voces y el Festival Iberoamericano de poesía 2025. Ha participado en múltiples recitales con la Red de Creadores de Poesía de Medellín, el Movimiento Poético Mundial y encuentros entre música y poesía con cantautores en el Teatro Pablo Tobón Uribe y Casa Libre librería. Ha publicado en el periódico Nexos, Revista Prometeo, Parlamento Enamorado y otros medios digitales. Actualmente anhela publicar su primer libro.

 

 

 

 

 

Fuga

Los ayeres se conjugan con los mañanas. 

Vivo empedernida con el pasado

soñando absurdos

trayendo a la vida 

lo que ya no tiene vida.

Alquimia imaginaria. 

Aunque siga rumiando

ahora los dejo ser

les permito descansar bajo mis árboles

les cuido el sueño 

dejo que regresen al pensamiento primigenio

a donde nació la idea que nunca anidó.

La serpiente blanca que se refleja en mi cuarto

va hacia una única dirección

abro la ventana para que entre la noche

dejo de esperar respuestas.

Estamos presenciando la fuga

esta es la pérdida 

¿o el encuentro? 

 

 

El parecido que tengo a ti

Me parezco a ti aunque no quiera.

Por años rogué que no me asemejaran a ti

ni se atrevieran a relacionarme con quien había hecho 

lo que tú habías hecho.

Que no digan que al verme te ven a ti

a la soledad que disfrazamos de amigos

nuestra impuntualidad para lo vital

al llanto fácil que emana de la sangre que compartimos.

Tengo un cuerpo similar al tuyo

unas orejas, manos y ojos abiertos  

rodillas juntas, pelo crespo

la mancha por marca en la pierna

lo grande, lo amplio y lo fuerte

una boca que también fue mentirosa.

Unos rasgos, unos signos

que me hacen llamar tu hija.

Un corazón cargado de herencia tuya.

Pensé en esto después de mirarme en el espejo

me toqué el pecho

recordé que no estás cerca

que decidiste no estarlo.

Luego, me miré

me miré bien y aunque siga sin verte

te vi en mí. 

El parecido que tengo a ti, papá, es indiscutible. 

Nadie lo niega. No puedo negarlo

poquísimas veces lo acepto con orgullo

aún me aferro a contar que eras un Dios en campo verde para mí

que heredé el dialecto con los animales

 a persistir con los cayos y las dudas.

¿Será la forma de recordarte siempre?

¿Será la forma de sentirte cerca?

¿Será la forma de nunca olvidar que fui tu hija

y tú fuiste mi padre?

 

 

Palestina

 

Hay un grito entre el río y el mar

los cuerpos de agua, de arena, de ruina conocen tu pena

hay una voz que se asemeja a una plegaria que se repite sin cansancio

un tintineo milenario que anuncia que algo que está mal.

No es la primera vez que salen cuerpos de las redes para pesca 

No es la primera vez que se combina el festín con el dolor

No es la primera vez que una nación autoproclamada y edificada en huesos

encarceló a Dios, le cortó la lengua, malversó la verdad.

No es la primera vez que queda una familia entera con un único hijo

un hijo solo que porta por última vez un apellido a punto de desaparecer esa que su herencia,

lo poco que aún vive de su familia, los restos que le dejan en su propia tierra usurpada.

No es la primera vez que la orfandad cuenta la historia

¿Por qué los niños no están jugando?

¿Por qué el colegio es ahora un centro para refugiados?

¿Dónde quedó la pelota? ¿Dónde están los hermanos? ¿Qué pasó con los amigos?

¿Volverán? ¿Estarán vivos? ¿Hijos de quién? ¿Hijas de quién? ¿Cuántos quedan?

¿Por qué les decimos que este no es su cielo?

¿Cómo limpiar la bruma de los escombros?

¿Por qué su casa es ahora un contendor de hojalata que alberga los sueños en la derrota?

¿Quién cuida a los niños cuando son ellos los cuidadores que deben buscar la comida, el agua, volverse adultos teniendo tan solo 10 años?

Los niños de Gaza ya no son niños

pero siguen jugando a la ronda

al escondite

a la esperanza.

 

 

Paisaje de infancia

Camino entre las ruinas de mi infancia y te veo

nos veo.

Las llantas y la madera

los acertijos del tiempo

el columpio, la casa en el árbol

todos y cada uno construidos por tus manos.

De lo que éramos

poco queda.

En aquellos juegos nadie se mece

nadie escala, no se escucha la risa

nada ni nadie juega a congelar el tiempo.

Pienso, con los años que hoy poseo, en lo inhabitable de este lugar

pocos merodeadores ahora ocupan los espacios vacíos

insectos, moho, lianas y hojas caídas hacen de nuestro lugar

su lugar.

Crecí creyendo que aquella casa en el árbol me haría un lugar por siempre

que mi cuerpo cabría por ese lisadero las veces que fuese

que me hamacarías con tu canto

que se me enredarían con gusto los pies para ver quién llegaba primero al final de la telaraña

que me bastaban las luciérnagas iluminando tu sombra a mi costado

que podría disfrazarme y lanzarme con la ficción de mi cabeza a nunca tenerle miedo a caer

que los perros serían eternos

y el verdor de la finca sería paraíso para mí y mis hermanos.

En lo que falta y en lo que se preserva

aún creo que te veo. 

Entrelazados por el tiempo

siguen de pie las ruinas de aquella casa

que juramos envejecería con nosotros dentro.

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